El Camino Simbólico
La Vía Verde olía a pinos y a naranjos, a campos de fresas y a los esteros del río Piedras, cuando dimos los primeros pasos del III Camino Simbólico. Era el viernes de la Ofrenda de Flores, y el calendario quiso que coincidiera con la festividad de María Mediadora de Todas las Gracias, el título que preside nuestro escudo bajo el lema Mater Omnium Gratiarum Mediatrix. No fue casualidad. Nunca lo es con Ella.
Antes de emprender la marcha, el Padre Gregorio Sillero, párroco de San Joaquín y director espiritual de nuestro Grupo, celebró la Misa de campaña. En su homilía nos lo recordó con la claridad que le es propia: acudir a María como Mediadora no es detenerse en Ella, es dejarse llevar de su mano hasta su Hijo, fuente de toda gracia. Con esa convicción en el corazón, echamos a andar.
Aunque partíamos desde las cercanías de Lepe, cada paso fue dado como si viniéramos desde Sevilla. Porque así lo siente el corazón: la distancia no mide el camino, lo mide la devoción, fe y amor hacia nuestra madre Virgen Bella.
Una devoción que crece desde la sencillez
Entre quienes nos acompañaron este año hay historias muy distintas. Algunos llevamos años viviendo en Sevilla sin haber dejado de ser de Lepe, y esta romería es, también, una manera de volver. Otros conocían a la Bella de otro tiempo: de los veranos en la Antilla, de haberla visto en agosto entre nardos y mantillas, pero nunca en romería, que es cuando ella se muestra de otra manera. Y otros llegaron sin historia previa con Ella, solo con la curiosidad de quien se acerca a algo que le han contado y quiere ver por sí mismo.
Todos se marcharon con algo más difícil de explicar. Eso es lo que hace la Bella cuando se vive de cerca.
El pueblo de Lepe, un año más, nos hizo sentir parte de algo suyo. Estaba en las miradas, en los ánimos y en los aplausos de quienes se asomaban a ver pasar la ofrenda mientras subíamos la calle Iglesia hacia la Virgen. Gente que aplaude porque siente, no porque toca.
El camino de ida y la llegada al Terrón
El sábado por la tarde, la Virgen salió de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán entre vivas, cantos y el murmullo de quienes llevan un año esperando ese momento. Las calles de Lepe se estrecharon de gente y devoción. En la Cruz Primera, la Salve se elevó hacia el cielo de poniente.
Al llegar al Puerto de El Terrón, los barcos engalanados saludaron su llegada con las sirenas. Es uno de esos instantes que no se explican: se sienten. El cortejo avanzó hacia el Recinto Romero, donde la puja del Pendón encendió el fervor de los romeros antes de que la Virgen hiciera su entrada en la Ermita, cerrando con ella la noche que abría la velá.
La velá
La noche del sábado fue de esas que quedan grabadas. Junto a Nuestra Madre, en silencio y recogimiento, pudimos decirle lo que solo se dice de noche, cuando el ruido calla. El Salve, Madre del final sonó como un abrazo colectivo.
La Misa de Romeros y un gesto que nadie esperaba
El domingo, tras la Misa de Romeros, compartimos mesa y conversación en la Casa Hermandad junto a la Hermandad Matriz y las filiales de Huelva e Isla Cristina. Fue entonces cuando, de forma completamente improvisada, algunos miembros de la Junta adquirimos una medalla de la Virgen de la Bella. Lo que comenzó como un gesto espontáneo se convirtió en uno de los momentos más hermosos de la romería.
Con la complicidad del Hermano Mayor Manuel Toscano y del Padre Juan José Travé, llevamos al Padre Gregorio al interior de la Ermita. Bajo la mirada de la Virgen, recibió la bendición e imposición de la medalla con una emoción que no intentó disimular. Poco después, al advertir que una compañera de Junta tampoco la tenía, fue él mismo quien la bendijo y se la impuso. Así es como la gracia funciona cuando se la deja actuar: sin protocolo, sin guion, sin avisar.
El Rosario de Antorchas
A medianoche del domingo al lunes, se apagaron todas las luces del recinto. Solo quedaron las llamas de las antorchas de los romeros, avanzando despacio por los aledaños de la ermita, entre las ruinas del antiguo convento franciscano que dio origen a esta devoción. El Rosario se rezó en la oscuridad y la voz de los fieles alzándose con el rezo del rosario con una cadencia que parecía venir de muy adentro. Al término, los fuegos artificiales iluminaron el cielo del Terrón.
La despedida en la Ermita y camino de vuelta
Antes de emprender el camino de vuelta, vivimos por primera vez una despedida en el interior de la Ermita. Hasta ahora, cada hermandad filial y nuestro grupo de fieles esperaba a la Virgen en su lugar del recinto durante su recorrido de salida. Este año, el protocolo cambió: fuimos nosotros quienes nos acercamos a Ella, entrando a sus Pies para cantarle y tener nuestro momento antes de que iniciara su regreso a Lepe. Un cambio aparentemente pequeño que lo transforma todo. En lugar de verla pasar, pudimos quedarnos quietos ante Ella, cantarle y rezarle, decirle lo que se le dice cuando nadie tiene prisa. Y después, como siempre, la acompañamos a casa.
Agradecimientos
Una romería no la hace el camino ni los días: la hacen las personas que lo hacen posible. Detrás de cada momento vivido en esta Romería de la Bella 2026 hay nombres, instituciones y hermandades cuya generosidad merece ser reconocida con la misma solemnidad con la que se recuerda lo vivido. El Grupo de Fieles de Nuestra Señora de la Bella de Sevilla eleva su más sincero agradecimiento a cuantos hicieron posible este camino compartido.
- Al Ayuntamiento de Lepe: Por la cesión del Parque de la Estación como lugar de descanso durante el Camino Simbólico, facilitando con ello el desarrollo de esta jornada en las mejores condiciones y por ceder la casa municipal para tener un lugar de descanso a aquellos que no tienen un lugar en la ermita.
- A la Policía Local y Protección Civil de Lepe: Por su presencia y dedicación a lo largo de todo el recorrido, velando en todo momento por la seguridad de los peregrinos.
- A la Hermandad Matriz de Nuestra Señora de la Bella: Por su acogida fraterna, su generosidad sin reservas y la hospitalidad con que recibe año tras año a cuantos acuden a venerar a la Madre de los leperos.
- A las Hermandades Filiales de Huelva e Isla Cristina: Por la cercanía y el espíritu de hermandad con que compartieron estos días en el Recinto Romero y en la Casa Hermandad.
- A la Hermandad del Inmaculado Corazón de María de Torreblanca: Por acompañarnos por segundo año consecutivo en el camino y en la ofrenda floral, consolidando así un vínculo que crece con cada romería.
- A todas las personas que colaboraron: A cuantos participaron en la preparación y el apoyo logístico, y a quienes, desde la discreción y el servicio, hicieron posibles tantos detalles que el peregrino no ve pero que sostienen todo lo que sí se ve.
- Y de manera especial, al Rvdo. P. D. Gregorio Sillero: Párroco de San Joaquín, director espiritual y presidente de nuestro Grupo de Fieles. Por su acompañamiento cercano, su entrega pastoral y por guiarnos siempre, con paciencia y convicción, hacia Cristo a través de María.
El Grupo de Fieles de Nuestra Señora de la Bella de Sevilla eleva su acción de gracias a Nuestra Madre por todos los frutos recibidos durante esta Romería de la Bella 2026, y pide su intercesión para que este camino de fe, unidad y servicio continúe creciendo en los años venideros, siempre guiados por María, Mediadora de Todas las Gracias, hacia el encuentro con su Hijo Jesucristo.
¡Viva la Virgen de la Bella! ¡Viva su Santísimo Hijo!


